Definición
Una auditoría es una evaluación para verificar si los recursos (dinero, suministros, tiempo) se usaron como se pretendía, en cumplimiento de las regulaciones y de acuerdo con los presupuestos y procedimientos aprobados. Las auditorías son principalmente una función financiera y de cumplimiento. Una evaluación evalúa si un programa logró sus resultados previstos y por qué, mediante el análisis de resultados e impacto. Las evaluaciones son principalmente una función de desempeño y aprendizaje. Las dos son fundamentalmente diferentes. Una auditoría puede mostrar que un programa gastó exactamente lo presupuestado sin uso indebido, pero aún así falló en lograr resultados. Una evaluación puede mostrar que un programa logró excelentes resultados, pero una auditoría podría revelar que los fondos fueron mal asignados. Ambas son necesarias para la rendición de cuentas, pero sirven a propósitos diferentes y requieren diferentes experticias.
Por Qué Importa
Confundir auditorías y evaluaciones conduce a decisiones de contratación deficientes. Una organización que contrata a un auditor cuando necesita una evaluación recibirá un chequeo financiero en lugar de evidencia sobre la eficacia del programa. Por el contrario, una organización que encarga una evaluación pensando que detectará malversación financiera se decepcionará. Los auditores y evaluadores tienen habilidades diferentes: los auditores son contadores y expertos en cumplimiento; los evaluadores son científicos sociales y analistas de programas. Usar la herramienta incorrecta desperdicia dinero y no logra responder la pregunta que la organización realmente necesita responder. La claridad sobre qué mecanismo responde a qué preguntas es esencial para un diseño inteligente de rendición de cuentas.
En la Práctica
Un donante contrata una auditoría financiera independiente de un programa de salud y descubre que la organización gestionó adecuadamente los fondos, cumplió todos los requisitos de cumplimiento y gastó el 100 por ciento de la subvención según lo planeado. Pero el donante aún quiere saber: ¿mejoró el programa realmente los resultados de salud? ¿Fueron efectivas las intervenciones elegidas? ¿Hubo una mejor manera de usar esos fondos? Esas preguntas requieren una evaluación, no una auditoría. Por el contrario, un programa realiza una excelente evaluación que muestra resultados sólidos, pero la auditoría anual identifica que el efectivo menor fue mal gestionado y la documentación de gastos es incompleta. Ambos procesos son necesarios. Un buen marco de rendición de cuentas incluye auditorías financieras regulares (anuales o trianuales) para asegurar a los donantes que el dinero está seguro, y evaluaciones periódicas (a mitad de término y final) para evaluar si el programa está funcionando y por qué.
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